“La casa que se deja: propiedades en riesgo tras la deportación de Estados Unidos”.
Fuente: Obras por Expansión. Fecha: 15 de septiembre 2025.Autor: Diana Zavala
Extracto
Expertos aclaran que la repatriación no implica perder la casa en Estados Unidos, pero trámites costosos, intentos de fraude y falta de apoyo oficial ponen en jaque el patrimonio de los connacionales.
Dueños desde México
Luis Francisco Ochoa Corona, gerente de operaciones en Mexus Migración, precisa que la deportación no implica perder un inmueble. “El hecho de haber sido deportado no significa que deje de ser dueño de su propiedad. No se la quitan ni nada por el estilo”, explica.
El dueño puede seguir administrando sus bienes: vender, rentar o transferirlos. Para hacerlo debe firmar documentos ante un notario de la sección de servicios notariales en consulados y embajadas de Estados Unidos en México.
Esos documentos tienen plena validez en el sistema estadounidense y permiten ejecutar ventas, traspasos o contratos de arrendamiento. Cada firma cuesta alrededor de 50 dólares.
La responsabilidad que permanece es el pago de impuestos locales en Estados Unidos. Aunque el propietario viva en México, debe cumplir con el impuesto predial u obligaciones estatales para mantener su situación legal sin complicaciones.
Propiedades en construcción o con hipoteca
Uno de los escenarios más comunes es el de las casas en proceso de pago. Ochoa aclara que, lejos de dificultar la situación, puede facilitarla. “Es un poco más sencillo para las personas que están pagando todavía una hipoteca porque tienen posibilidad de vender la propiedad”, señala.
En este caso, el comprador asume la deuda y el banco reconoce la continuidad del crédito. El problema surge si no hay comprador y se suspenden los pagos: la entidad financiera puede iniciar un proceso legal que obliga a la familia a contratar abogados en Estados Unidos.
Traspaso de propiedades a familiares
Cuando la familia permanece en Estados Unidos, la persona deportada puede transferir su propiedad.
El proceso requiere que los documentos estén firmados en México, certificados por notarios estadounidenses en consulados y enviados a las oficinas locales en el condado correspondiente.
Esto permite que los familiares puedan seguir habitando la vivienda, venderla, o bien, regularizar la titularidad sin que la deportación interrumpa el proceso.
“Muchas veces el miedo que les da es que, si los llegan a deportar, es que su casa vaya a quedar varada en Estados Unidos y no la puedan vender porque ellos estén acá en México. Y eso no es una realidad".
Preparación como estrategia
Israel Concha (fundador de New Comienzos) insiste en que los deportados deben pensar en la prevención incluso antes de que ocurra el proceso. Recomienda designar a una persona de confianza en Estados Unidos para recibir notificaciones, guardar dinero de emergencia o incluso representar legalmente al afectado.
También sugiere mantener abogados de referencia en ambos países para atender trámites de venta o traspaso de viviendas en caso de una salida repentina.
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